En su cuarto disco solista, el ex guitarrista de los Redondos añade un importante peldaño a su obra con un hechizo de tiempo. Lo presenta el fin de semana que viene en Rosario.
Este fin de semana llega a las bateas ¿Dónde vas?, flamante opus de Skay Belinson cuarto mojón en su discografía como solista post Redondos. La presentación será el 16 y 17 de este mes en Willie Dixon de Rosario, bastión rockero de la Chicago Argentina. Y la presentación en Capital, aún es una incógnita.
Empecemos por el packaging. ¿Dónde vas? es un objeto mágico. El disco está inserto en un libro acordonado, literalmente envuelto en un pedazo de tela, y encajado en una exuberante caja que incluye un relieve símil reloj de arena que contiene, además de los fragmentos minerales, la imagen de un hombre atrapado en el tiempo. Otro maravilloso delirio de Rocambole, responsable gráfico de todas las portadas de Skay. Se trata de un nuevo eslabón en la saga de envases sorprendentes que el Mono Cohen inició para los Redondos con la replica de un tétrico incunable en Luzbelito (1996), y del escapulario de Momo Sampler (2000). Aunque la referencia más próxima sea la cápsula espacial con textura de caja de Chivas Regal del Último bondi a Finisterre (1998). No deja de ser curioso, ni sugestivo, que el retrato de ese hombre remita con una exactitud a la imagen del Carlos Solari que ilustró la portada de la edición #13 de Rolling Stone
¿Y la música? El comienzo trae aires del lejano Oriente. “La luna en Fez” incluye la participación del gaitero Sebastián Fentanes (Xeito Novo, Noitebra), junto a la Orquesta Marroquí de las Pampas y se inscribe, prácticamente, en lo que podría entenderse como una excursión del guitarrista (y ahora cantante) en los terrenos de la world music. La conexión con Marruecos trasciende en un triple plano (espiritual, terrenal y musical), con los ánimos viajeros que alumbran su trayectoria solista desde el iniciático A través del Mar de los Sargazos (2002).
No es casual que la referencia a los trips aparezca en casi todos los títulos de los temas, cada uno de ellos con la pulsión rockera de Skay (su guitarra épica e inconfundible, un canto firme y cada vez menos teatral y una backing band ajustada).”En el camino” es un canto libertario, construído sobre una melodía liviana, festiva y adherente, de tintes beatles; “Aves migratorias” celebra los caminos mentales sobre un rock mid-tempo; “Territorio caníbal” vuelve sobre imágenes apocalíticas, una de las obsesiones de Beilinson, en plan cyberpunk bailable; “La rueda de las vanidades” (re) crea texturas de música de edición pero con la característica tracción a sangre de Skay, en una epopeya circular montada sobre un carrousel en cinta de Moebious; “Tarde de lluvia” es un paseo por el Docke a borde de un blues tenebroso, con guiños a Manal con efectos de Theremin, aguafuerte de un suburbio gris, como esos relatos melancólicos de Pablo Ramos. Los oídos ricoteros celebrarán el inicio de “El viaje de Mary”, la línea de bajo adrenalínica de “Lejos de casa” (con palpitaciones que remiten a “Nueva Roma”), el romanticismo acústico de “La pared rojo lacre” -suerte de “Todo un palo” en plan bluegrass-; y el rock galáctico de “Aplausos en el Cosmos”, con algo de esos inéditos que durante años escuchamos en casetes piratas, pero con una proyección universal. O un desgloce cósmico y (a)temporal de las melodías que alcanzan la dimensión mágica y misteriosa de esa entelequia llamada Patricio Rey.
Por Humphrey Inzillo
Skay. Foto de Soledad Aznarez – Gentileza Archivo La Nación.


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